¡Cuando comprar deja de ser solo comprar!

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“Entraste solo a mirar… cinco minutos, dijiste”. Pero saliste comprando algo que tal vez ni siquiera necesitabas realmente.


Comprar puede ser agradable. Estrenar algo, recibir un paquete o encontrar aquello que queríamos puede generar emoción y satisfacción. Y eso es completamente normal.


El problema aparece cuando comprar deja de ser solo una necesidad o un gusto ocasional y empieza a convertirse en una forma de sentir alivio.


A veces no buscamos ropa, zapatos, accesorios o algún objeto en particular; buscamos distraernos de un mal día, sentirnos mejor después de una discusión o llenar ese vacío extraño que aparece cuando estamos tristes, frustrados, solos o agotados.


Durante un momento puede sentirse bien. Aparece emoción, entusiasmo o esa sensación de satisfacción que acompaña a algo nuevo. Pero cuando ese bienestar depende de comprar una y otra vez, vale la pena preguntarnos qué estamos intentando aliviar realmente.


Lo difícil es que el problema no siempre está en cuánto compramos. A veces está en el lugar que ocupa esa compra en nuestra vida. Porque hay personas que gastan más tiempo pensando en comprar que disfrutando aquello que compraron. O peor aún, personas que sienten ansiedad cuando no pueden hacerlo.


Y no siempre ocurre cuando estamos holgados de dinero. A veces sucede precisamente cuando las cosas no están bien económicamente. Puede sonar contradictorio, pero pasa. Porque en ese momento la compra no siempre responde a una necesidad real; puede responder a una necesidad emocional.


Las formas de pago también juegan su papel. Cuando entregamos dinero en efectivo sentimos con más claridad que salió de nuestro bolsillo. Pero con una tarjeta la sensación puede ser distinta. El gasto parece más lejano, menos real, casi invisible por unos minutos.


Luego pueden aparecer preguntas como: “¿Realmente lo necesitaba?”, “¿Por qué compré esto?”, “No debía gastar ese dinero”. Y entonces llega la preocupación o la sensación de haber actuado por impulso.


En general, cuando las emociones comienzan a buscar salida por caminos rápidos, pueden sentirse como una solución momentánea… aunque después nos dejen más vacíos que antes.


A veces lo que buscamos al “ir de compras” no es un producto; es calma, compañía, alivio o sentir que algo vuelve a estar bajo control.


¡Conectamos con lo que sentimos!

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