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Muchas veces confundimos perseverancia con obligación, responsabilidad con imposición y compromiso con resignación.
Por eso, vale la pena detenernos a pensar qué entendemos realmente por perseverar. No consiste simplemente en no rendirse; consiste en encontrar razones para continuar y también la inteligencia para decidir cómo hacerlo.
Hay una diferencia enorme entre:
“Persevero porque quiero”
y
“Continúo porque se supone que debo hacerlo.”
Perseverar no es necesariamente resistir. Puede significar modificar el camino, detenerse, pedir ayuda o empezar de nuevo.
La perseverancia aparece cuando:
• intentamos aprender algo
• atravesamos una dificultad
• construimos o reconstruimos una relación
• emprendemos un proyecto
• buscamos una oportunidad
• afrontamos un cambio
• cometemos errores y queremos corregirlos
• perseguimos una meta
• tratamos de sostener aquello que para nosotros tiene valor.
Pero para perseverar hace falta algo más que voluntad. Hace falta encontrar un motivo para continuar. Porque cuando existe un motivo propio, el esfuerzo tiene otro sentido.
En cambio, hacer algo únicamente porque debemos hacerlo, porque otros esperan que lo hagamos o porque así nos enseñaron, puede llevarnos a cumplir, insistir y hasta sacrificarnos durante mucho tiempo.
Pero ¿eso es perseverar?
No necesariamente.
La responsabilidad forma parte de nuestra vida y no siempre hacemos aquello que nos corresponde porque nos apasiona. Hay obligaciones que debemos asumir y cumplir.
La diferencia está en no confundir cumplir con elegir, ni resistir con perseverar.
Perseverar implica una decisión: continuar porque aquello que hacemos, buscamos o queremos sostener tiene valor para nosotros.
Y esa decisión también puede llevarnos a cambiar la manera de hacerlo. Porque continuar no siempre significa seguir por el mismo camino.
Por eso, más que preguntarnos cuánto estamos dispuestos a soportar o cuánto tiempo podemos mantener un esfuerzo, quizá debamos preguntarnos:
¿Por qué quiero continuar?
La respuesta puede ayudarnos a distinguir entre aquello que realmente elegimos y aquello que simplemente sentimos que debemos hacer.
Se persevera con actitud, pasión, vocación y dedicación; mas no por obligación.
¡Conectamos con lo que sentimos!
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