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Cuando conocemos a alguien, nos encontramos con una persona que ya tiene una historia.
Tiene familia, amigos, compañeros, costumbres, experiencias, lugares, códigos y vínculos que existían mucho antes de conocernos. Y nosotros también llegamos con nuestra propia historia y nuestros vínculos.
La pareja es de dos, pero ninguno de los dos llega solo. Al relacionarse, esos entornos inevitablemente empiezan a cruzarse. Y ahí comienza una dinámica que no siempre resulta tan sencilla como parece.
Muchas veces, cuando llegamos a conocer a esas personas, ya existe una referencia sobre nosotros. Tal vez nuestra pareja pudo haberles comentado nuestras virtudes, nuestros defectos, nuestras discusiones o alguna anécdota.
Y resulta que en una reunión nos encontramos con alguien que parece conocernos de toda la vida. O con alguien que nos mira como si hubiéramos cometido un delito.
Probablemente nos reciben creyendo saber cómo somos.
Eso también forma parte de una relación: la manera en que presentamos a nuestra pareja ante nuestro entorno.
Los amigos pueden opinar sobre la relación, conocer detalles que quizás debieron quedarse dentro de la pareja, hacer bromas sobre uno de los dos o incluso intentar intervenir.
Esto no se trata solamente de qué hacen los amigos; lo importante es qué lugar y alcance les damos.
Respeto, diplomacia e integración
Entrar en el círculo de nuestra pareja requiere entender que no todas las personas nos van a caer bien y que no a todos vamos a caerles bien.
Podemos terminar siendo amigos de algunos, llevarnos muy bien con otros, sentir que con alguien no hay química o decidir mantener cierta distancia. Incluso puede ocurrir que alguno de nosotros se encuentre con un ex dentro del grupo de amigos y que entre ambos exista una relación de cordialidad, amistad, incomodidad o tensión.
No todos los vínculos serán iguales ni tendremos que relacionarnos con todos de la misma manera.
Nuestra pareja también puede no sentirse cómoda con alguien de nuestro entorno sin que eso convierta automáticamente a esa persona en un problema. Solo es cuestión de saber manejar la situación cuando se presente.
- La integración no significa convertirnos en amigos de todos.
- El respeto no significa aceptar en silencio aquello que nos molesta.
- Y la diplomacia no significa ignorar algo solo por evitar problemas.
Debemos asumir que nuestra pareja merece respeto incluso cuando no está presente. Una cosa es el relajo entre amigos y otra permitir que la conviertan en el blanco permanente de burlas o comentarios que cruzan la línea.
Se trata de aprender a compartir con los amigos, entendiendo que cada vínculo tiene su lugar y que la manera en que nos relacionamos también habla de nosotros como pareja.
¡Conectamos con lo que sentimos!
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