No es dónde estés… es cómo estés!

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Todos llevamos una mochila invisible. No se considera equipaje, no aparece en los controles de la estación o del aeropuerto, pero viaja con nosotros a todas partes.


Dentro tenemos preocupaciones, responsabilidades, recuerdos, expectativas, asuntos pendientes y alguna que otra cosa que cargamos tanto tiempo que ya ni nos preguntamos por qué.


Y entonces cambiamos de lugar. Nos mudamos, conseguimos otro trabajo, nos vamos a otro país o comenzamos una etapa diferente. Pero ¿qué ocurre cuando, a pesar de eso, algunas preocupaciones siguen ahí? Porque una cosa es cambiar de escenario y otra es que nuestra vida cambie por completo.


Podemos estar mejor en muchos aspectos y seguir teniendo problemas que resolver. Podemos disfrutar de lo que hemos conseguido y, al mismo tiempo, extrañar lo que dejamos. No obstante, hay personas que suelen hacer borrón y cuenta nueva cuando sus condiciones de vida cambian o mejoran.

Pero hay situaciones que persisten, por mucho que cambien nuestras circunstancias.


Las responsabilidades familiares, los conflictos pendientes, las preocupaciones y ciertas dificultades personales pueden acompañarnos aquí, allá y hasta en la China. Solo cambia el paisaje.


¿Qué puedo sacar de mi mochila?

Gran pregunta. Y no, la respuesta no es “todo lo que me hace daño”, porque la vida no funciona así.


Hay responsabilidades que nos corresponden, compromisos que elegimos y personas por las que nos complace esforzarnos.


Pero también podemos encontrarnos cargando obligaciones que nadie nos impuso o intentando resolver problemas que no ocasionamos nosotros.


Puede que también nos haya tocado asumir responsabilidades desde temprana edad hasta terminar creyendo que todo depende de nosotros.


Y cuando alguien se acostumbra a que resolvamos las cosas, puede llegar a confundir nuestra disposición con una obligación permanente. Hasta que un día nos preguntamos por qué estamos tan cansados.


Querer a alguien no nos obliga a resolverle la vida. Y ser responsables no significa que debamos hacernos cargo de lo que también corresponde a otros.

Que podamos cargar con algo no significa que tengamos que cargarlo todo.


Lo que no podemos soltar tan fácilmente

Reconocer un peso no significa que podamos desprendernos de ello de inmediato.


Podemos empezar por reconocer lo que nos pasa, revisar las opciones que tenemos, pedir ayuda cuando sea posible y dejar de exigirnos soluciones que nuestras circunstancias no permiten.


Quizás no podamos abandonar una responsabilidad, pero sí buscar una manera más razonable de asumirla. Tal vez no podamos resolver un conflicto familiar, pero sí establecer límites respecto de cuánto nos involucramos. O no podemos cambiar de trabajo hoy, pero sí comenzar a preparar otras posibilidades.

Eso es mirar la realidad sin engañarnos y actuar dentro de lo que efectivamente podemos hacer.


Nuestra vida no pierde sentido porque los demás aprendan a resolver sus propios asuntos. Ni nuestro valor depende de cuánto hacemos por ellos. También tenemos derecho a descubrir qué nos gusta, qué necesitamos y qué queremos hacer con nuestro tiempo, sin sentir que estamos fallándole a alguien por ocuparnos de nosotros mismos.


Entonces, ¿cómo estamos?

No todo depende de las circunstancias. Dentro de las posibilidades reales que tenemos, importa cómo estamos viviendo lo que nos toca y qué hacemos con ello.


¿Estamos disfrutando lo que hemos conseguido o estamos tan pendientes de lo que falta que no podemos reconocerlo?

¿Estamos asumiendo responsabilidades que elegimos o haciéndonos cargo de todo porque nos cuesta decir que no?

¿Estamos buscando alternativas posibles o agotándonos en aquello que, por ahora, no podemos cambiar?

¿Estamos cuidando de los demás sin olvidarnos de nosotros mismos?

Y por último, ¿hacer borrón y cuenta nueva implica cambiar o solo construir una nueva realidad en la que no tengamos que cuestionarnos?


Finalmente, no se trata de llegar a un lugar donde nada nos preocupe. Se trata de encontrar una manera de vivir que no nos lleve a relegarnos a nosotros mismos.

Porque no todo depende de dónde estés... importa y mucho… cómo estés.

¡Conectamos con lo que sentimos!


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